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El nuevo responsable de Europa para establecer la política de Internet manda un mensaje a las celebridades, víctimas de ‘hackers’: “Son tontas”.

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Podríamos decir que podemos mitigar o incluso eliminar algunos riesgos. Pero como en cualquier otra tecnología, nunca pueden excluirse todos los riesgos. Les daré un ejemplo. Puede resultarles algo… digamos, poco serio. Me refiero al hecho de que recientemente ha habido un creciente número protestas públicas por la publicación en la red de fotos de mujeres famosas desnudas que se hicieron unas ‘selfies’ ¡Y es que no me lo puedo creer! Si alguien es tan estúpido como para hacerse a una misma fotos desnuda siendo una celebridad, para luego colgarlas online, es evidente que no pueden esperar que le protejamos. Quiero decir, que resulta muy difícil proteger a la gente –al menos no del todo– de la estupidez humana.
—Günther Oettinger, recién nombrado Comisario para Economía y Sociedad Digitales

Günther Oettinger es un político alemán que, a pesar de no tener un trasfondo notorio en este ámbito, ha sido designado para asumir en noviembre el mando del más alto cargo en el continente en relación con la política de Internet. Si el Parlamento Europeo vota para aprobar la nueva Comisión de la que forma parte, será el responsable de diseñar la política de Internet para más de 500 millones de ciudadanos. Las declaraciones anteriores las hizo ayer en su presentación ante el Parlamento.

Recapitulemos un poco sobre el incidente que menciona: Recientemente se han publicado fotos de mujeres famosas en contra de su voluntad. Lejos de lo que Oettinger sugiere, jamás “colgaron esas fotos online”. La fuente más probable de estas fotos es la copia de seguridad en la nube de teléfonos móviles. Estas celebridades seguramente ni siquiera sabían que se hacían esas copias de seguridad, ya muchos smartphones las realizan automáticamente en segundo plano. Al parecer, algunos hackers lograron descifrar su encriptado gracias a brechas en la seguridad, como un servicio que permite probar una cantidad ilimitada de contraseñas en rápida sucesión o concediendo acceso tras responder a “preguntas de seguridad” con respuestas fácilmente adivinables. Una de las víctimas era menor de edad cuando se tomaron las fotos.


Comisario europeo Oettinger: Los famosos víctimas de “hacking” (cracking) son tontos

¿La protección de la privacidad no es para mujeres (1) famosas (2) y su sexualidad (3)?

Si miramos más allá del escenario de las celebridades y el sexo, esta declaración es alucinante: La persona que se supone que va a estar a cargo de apuntalar la confianza en Internet, para que los europeos hagamos más negocios online, se limita a insultar el victimismo de personas, cuyos datos personales han sido malversados y diseminados sin autorización. Se limita a poner la culpa moral de este crimen directamente en las víctimas y no en los perpetradores.

En este sentido recuerdo las palabras del Director General de Google cuando dijo:

“Si tienes algo que no quieres que los demás sepan, quizás mejor que ni siquiera empieces por hacerlo”. —Eric Schmidt

El privilegio de ser poco serio

Lo que se presenta como un consejo paternal no es más que el punto de vista expresado por alguien suficientemente privilegiado por no verse negativamente afectado por el problema y con total falta de empatía por las víctimas. Puede que Oettinger haya sido “poco serio”– pero la gente afectada por estas violaciones fundamentales de su privacidad no se puede permitir ese lujo.

Las celebridades no son un “objetivo legítimo” que haya abandonado sus derechos humanos simplemente por estar bajo los focos mediáticos. Estos derechos se aplican a todo el mundo; y sí, todo el mundo debería poder esperar que nosotros nos encarguemos de crear un entorno en el que estén lo más protegidos posible. Y esta expectativa no es ni una tontería, ni una estupidez.

Y de hecho, lo que le ha sucedido a estas celebridades, le está sucediendo día tras día a gente ‘normal’; sólo que no llega ni de lejos a las portadas. Hay foros online llenos de gente que hackean día tras día las copias de seguridad de los teléfonos y las cuentas online de mujeres menos conocidas en busca de desnudos para comerciar con sus fotos o publicarlas en Internet.

¿Se siente Oettinger igual de liviano y poco serio ante esta usurpación? ¿O quizás tengamos que trasladar el escenario al robo de secretos empresariales, para que se familiarice un poco más y se le active la empatía? ¿Y dónde está realmente la diferencia?

Hay muchas lecciones que aprender del incidente de las fotos de famosas que son políticamente irrelevantes, por ejemplo la seguridad en la nube, la cultura digital, el uso de software y el sexismo de la sociedad. Esto será sólo un chiste (a medias) para aquellos no familiarizados con estos temas.

El sexismo lo justifica

Aunque no haya sido de forma consciente, el comentario de Oettinger refleja preocupantes patrones de sexismo, ampliamente diseminados en la sociedad. Las mujeres están desproporcionalmente afectadas por el acoso online y son frecuentemente atacadas por su sexualidad de una forma en que los hombres, por lo general, no lo son.

Insultar a las víctimas de abuso, en lugar de a los perpetradores, es parte de lo que está recibiendo hoy el nombre de “rape culture“. Es cuando las transgresiones contra las mujeres se aceptan, al parecer, como “la forma en que gira hoy el mundo” y ya está. En lugar de exaltarse y luchar contra ello, la sociedad espera por lo general que las mujeres modifiquen su comportamiento según el hecho siguiente: Naturalmente que alguien accedería a tus fotos más íntimas y las publicaría, así que es tu culpa no haber tomado contramedidas o incluso haberlo provocado.

La autonomía de la mujer sobre su propia sexualidad se desvaloriza cuando se insinúa que la gente afectada tiene que justificar a los demás por qué se hizo esas fotos en primer lugar, y que su mera existencia explica de por sí, o incluso legitimiza, que sean distribuidas en público.

Y naturalmente, el hecho de que sólo se hable de mujeres famosas (aunque se sabe que también hay casos de hombres en algunas fotos) nos dice algo sobre el equilibrio general de poderes entre géneros en la sociedad: sobre quién es con frecuencia ‘convertido en objeto’, en este caso hasta el punto en que las fotos íntimas se consideran entretenimiento, y la gente que accede a las mismas incluso se siente con derecho a ello.

(Otro comentario sexista pronunciado el mismo día en un discurso anterior en el Parlamento: Un conservador alemán sintió la necesidad de informar a la candidata a la Comisión, Cecilia Malmström, que “las mujeres como usted me enternecen”. Por otro lado, Miguel Cañete, el actual candidato español a la Comisión Europea, intentó explicar, a principios de este año, su pobre intervención en un debate televisivo, diciendo que quiso evitar que le vieran como ‘acorralando a una mujer indefensa mediante el abuso de su superioridad intelectual’.)

Nuestra respuesta a estos temas no puede ser decir a las víctimas de estos abusos que apaguen sus móviles y salgan de Internet. Necesitamos algo mejor que un planteamiento basado en la “educación de la abstinencia” para proteger a la gente online:

Tenemos que construir una cultura que se tome en serio la autonomía de cualquier persona sobre sus datos personales, su autoexpresión sexual y su derecho a una comunicación confidencial.

No se trata de que no tuviera razón

Lo que Oettinger pretendía decir es, en el fondo, válido: Hay riesgos inherentes a la tecnología que debemos tener en cuenta.

Y es muy posible que Oettinger estuviera mal informado sobre los hechos en torno al incidente fotográfico de la famosa y que no había una mala intención detrás de sus palabras.

Pero al tomar este ejemplo para comentar el tema, a pesar de un desconocimiento de los hechos; al hacer una burla de lo que debería haber reconocido como un grave problema y tomárselo con ese tono marginal e insultante, Günther Oettinger cuestiona seriamente si está cualificado para asumir la responsabilidad de darle forma a nuestra sociedad digital durante los próximos cinco años.

Quizás la gente no deba protegerse de supuestos comportamientos estúpidos, sino de un Comisario fuera del tiempo y de la realidad.


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